El conquistador español Diego de Almagro es usualmente acreditado como el
“descubridor de Chile”.
El cruce de los Andes
Los
españoles más algunos yanaconas comenzaron a transmontar las primeras alturas
de la cordillera de los Andes.
En su
avance por la cordillera, los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya
que caminaban agotados por el frío, el congelamiento de sus manos y pies, y por
la dificultad de un suelo lleno de guijarros pequeños, de bordes afilados, que
les destruían las suelas de los zapatos y las herraduras a los caballos. El
gélido clima de la cordillera mató a gran parte de los indios yanaconas que
empezaron a dejar en la ruta como un sendero de muerte, pues no tenían la ropa
adecuada y andaban a pie desnudo, y a varios los españoles, cuando se quitaban
las botas, se les caían los congelados dedos de los pies.
La
tradición dice que fue por el hoy llamado Paso de San
Francisco por donde Almagro realizó su
triste travesía.
Las
penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y
silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos. El
conquistador, preocupado por la suerte de sus hombres, encabezó junto a otros
veinte jinetes un grupo de avanzada, que atravesó la cordillera y después de
cabalgar tres días enteros, llegaron al valle de Copiapó (en ese entonces Copayapu), recogiendo los víveres que
le suministraron los indígenas que envió de inmediato para socorro de sus
hombres.
Reconocimiento del territorio
Almagro llega al valle de Copiapó, Región de Atacama
Por fin
el resto de la columna llegó a Copayapu (Valle del Copiapó) con 240 españoles,
1500 yanaconas, 150 negros y 112 caballos, entre los negros venía una mujer
leal a Almagro llamada Malgarida. Quedaron para pasto de los cóndores 10
españoles, 170 caballos y cientos de indios auxiliares.
Después
de la natural recuperación de energías, se dio la orden de reiniciar la marcha
hacia el valle de Copiapó, sin embargo le desertaron una multitud de yanaconas
que dejaron prácticamente sin sirvientes a los españoles. Almagro endureció la
mano e hizo quemar a varios indios culpables de haber matado españoles.
Estos
indios habían asesinado a los tres soldados enviados en vanguardia que habían
llegado a Chile. Para su escarmiento, Almagro decidió darles un cruel castigo,
reuniendo a todos los caciques importantes de la región, enrostrándoles su
crimen y condenándoles a morir en la hoguera.
Durante
la realización de su castigo le llegaron noticias de los caciques de la región
del Aconcagua, que
deseaban realizar amistad con los blancos, esto era gracias a un par de
españoles renegados de Pizarro que estaban en la región desde antes.
Se
trataba de Gonzalo Calvo de Barrientos y Antón Cerrada, quienes en realidad fueron los primeros españoles en descubrir y pisar
territorio chileno. Gonzalo Calvo de Barrientos había sido afrentado por
Pizarro haciéndole cortar las orejas y para no exhibir su afrenta se internó
hacia el sur del valle de Zama, internándose posteriormente hacia el sur. Sería
el más leal colaborador de Almagro.
Durante
su marcha a esa región, el Adelantado tuvo noticias de un barco, el San
Pedro que había recalado en la
región, (Los Vilos) dirigido por Ruy Díaz y que venía lleno de ropas, armas y víveres para la
expedición.
Al
llegar al río Conchalí, en Los Vilos se encontró con el otro español ya
mencionado llamado Antón Cerrada quien ya había influenciado a los aborígenes a
dar una bienvenida pacífica a la columna de Almagro.
Al
llegar al valle del Aconcagua los españoles fueron bien recibidos por los
naturales, por los consejos que les entregó Gonzalo Calvo, español radicado
hace años en Chile.
Sin
embargo, los mismos naturales fueron mal influenciados por el indio Felipillo,
intérprete de los conquistadores, de las malas intenciones de estos y su
recomendación de atacarlos o huir de ellos.
Los
naturales le hicieron caso, no se atrevieron a atacarlos y escaparon durante la
noche, realizando igual intento el indio Felipillo y varios yanaconas, tomando el camino del norte, pero
este último intento no fructificó. Felipillo fue atrapado y descuartizado con
caballos frente al Curaca de la región como escarmiento.
El
territorio que el Adelantado esperaba encontrar lleno de riquezas no cumplía ni
sus más mínimas expectativas, esto le causó una gran desilusión, por lo que
decidió enviar una columna de 70 jinetes y 20 infantes dirigida por Gómez de Alvarado para que explorase el sur del territorio.
Cuando
la columna llegó al río Itata,
tuvo lugar en Reynogüelén el
primer enfrentamiento entre los españoles y los mapuches, en la que la superioridad de las armas y la sorpresa
por los caballos permitió una fácil victoria española frente a indios muy
guerreros y que se asustaron al ver el hombre montado a caballo como un solo
ser. Esto no sería más que una mera escaramuza en la futura y largaGuerra
de Arauco que iniciaría Pedro
de Valdivia.
Almagro
al tener estas noticias, sopesó la situación y decidió no proseguir hacia el
sur.
Sin oro
y con tan belicosos naturales, Almagro sólo pensó en regresar al Perú. Entre la
alternativa de volver a atravesar la cordillera, o dirigirse por el desierto,
se decidió por la segunda opción. En un acto de reconocimiento al sacrificio
hecho por sus hombres en la expedición, y que no fueron recompensados con el
ilusorio oro de esta región, decidió perdonar las deudas que sus soldados
habían contraído con el, destruyendo todas las escrituras que los comprometían.
El
camino por el desierto de Atacama fue tan horroroso como la travesía por la cordillera,
días quemantes y noches heladas, la hostilidad de los indígenas, sin contar con
la escasez de agua y alimento, pero de cualquier forma se le consideró mejor
que la travesía por los Andes.
Salieron
en grupos pequeños de no más de 10 hombres haciendo jornadas de 20 km cada día.
Durante el día se refugiaban bajo la sombra de los tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y caminaban de noche.
Para
ponerse a cubierto de una sorpresa ya que el Perú ardía en una rebelión general
contra Pizarro, Francisco Noguerol de Ulloa se hizo a la mar y desembarcó en el
caserío como protección adelantada de los expedicionarios permaneciendo 18 días
y luego regresando por tierra a Arequipa en febrero de 1537 con la pérdida
consignada de un hombre, Francisco de Valdés que murió ahogado en un río.
Tal fue
el estado físico en que llegó Almagro y sus seguidores que desde entonces se
les llamó los "rotos de Chile" a quienes vinieran de esas tierras.
Solo se
atrevería a ir a conquistarlo Pedro de Valdivia, cuatro años más tarde.
|